HILMA AF KLINT

 


 En el cuadro podemos observar la ausencia de perspectiva y de profundidad. Predomina el dibujo sobre el color. Hay una combinación entre colores cálidos como el rojo y el amarillo y colores fríos como el verde y el violeta usado en el fondo. La luz es irreal. Todos los elementos están iluminados por igual. En la composición no parece haber un orden meditado, es como si los elementos hubieran sido captados en su hábitat. La obra puede situarse dentro del nivel pre-iconográfico que estableció Erwin Panosky. Es el nivel en el que la obra no presenta significados iconográficos que puedan interpretarse dentro de una representación tradicional y en una cultura concreta que los dota de sentido. Se trata de un cuadro que apela a la naturaleza con un matiz primario lleno de expresividad.

Frente a la rigidez y el geometrismo imperante en obras como las de Piet Mondrian, en esta obra encontramos líneas sinuosas, sugerentes, curvas y finas. Es un lenguaje sutil que nos habla de un universo propio al que nos estamos asomando. Uno de los elementos puede recordar a un reloj de arena. Se usan números romanos conectando con el saber matemático y racional que contrasta con la experiencia sensorial a la que invita la obra.

Por un lago, parece un cuadro vivo donde se produce una constante interacción de elementos. Esta vida ha sido captada en un instante dejando un resultado armónico, a la vez que los números nos conectan con una faceta que, frente a la disposición libre de la naturaleza, intenta dominar el medio que le rodea y establecer leyes. La obra nos muestra la comunión entra la geometría de las líneas paralelas y ordena de la forma amarilla en contraposición con la manera curvilínea de lo que está a su alrededor. No se puede hablar de un arte figurativo eso implicaría afirmar que los objetos son imágenes reconocibles. En esta obra hay una evocación, una sensación transmitida, pero que está lejos de la semejanza con la realidad. Se ha construido un mundo propio, una dimensión nueva. Se trata de una obra vanguardista. El arte de vanguardia o vanguardista tiene una fuerza revolucionaria que busca reinventar la pintura para dotarla de nuevos significados. En un planeta donde la fotografía ya consigue plasmar la realidad, el arte se dirige hacia aquello que no se ve: los significados, lo sensorial. La ruptura del arte Academicista abre paso a una seria de obras intelectuales en su irracionalidad. Se apela a las emociones para despertar la razón. El arte de vanguardias abarca estilos diversos como el futurismo, el surrealismo, el cubismo, el dadaísmo y el fauvismo entre otros. Todos ellos comparten entre sí el afán de generar una innovación.

El siglo XX llega a mostrar que el proceso tecnológico no conduce al avance moral. La revolución industrial ha puesto de relieve la dura tesitura en la que se encuentra el trabajador que emigró a la ciudad. Han sido derrumbados grandes mitos de la tradición. La Guerra Mundial y la Revolución Rusa han sacudido Occidente demostrando que el hombre puede alcanzar nuevas cimas de barbarie. El término vanguardia alude a la avanzadilla del ejército. Es un arte combativo que quiere auto-afirmarse en comparación con el pasado. Un pasado que no da respuesta al vacío que afronta el ser humano inmerso en la sociedad industrial cada vez más mecanizada y deshumanizada. Este contexto, junto a la Segunda Guerra Mundial fue el que conoció la autora Hilma Af Klint.

Hilma Af Klint creó obras abstractas antes que Kandinsky y Mondrian. Nació en Suecia y estudió en la Real Academia Sueca de Las Artes de Estocolmo. Quiso en sus obras mostrar el mundo supra-terreno. Abandonó la pintura en 1925 para dedicarse a la teosofía, dejando más de mil cuadros. En 1935 el pintor ruso Kandinsky escribió una carta proclamando que había sido el autor de la primera obra abstracta. No fue hasta la década de los 80 del siglo XX cuando la obra de Klint fue redescubierta.

A partir del arte abstracto, la pintura se disocia de la realidad y se crea como un ente propio. En estas creaciones el arte puede generar emociones porque al igual que la música que no necesita imágenes para llegar al espíritu. El arte abstracto apela directamente al espectador sin representaciones intermedias sobre la realidad material. Es arte puro, sencillo y profundo. 

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